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Trastorno Reactivo de Vinculación

 

Tina y Rick adoptaron a Julia en un orfanato de Rusia en 2003. Los dos tenían 40 años y esperaban que la niña pronto comenzase a quererlos.

Pero pronto se dieron cuenta de que algo no iba bien. Julia no mostraba sentimientos de ningún tipo.

Nunca miraba a su madre a los ojos, no quería dejar que la tomase en sus brazos, y se mostraba triste, apática.

 

Tina estaba destrozada. Pensaba que era una mala madre porque su hija la rechazaba una y otra vez.

”Caí en una depresión, pensaba que había cometido un terrible error. Quizá no debía ser madre", escribe Tina en su blog.

 

El tiempo fue pasando y Julia comenzó la guardería, y eso fue muy problemático.

Cuando Tina iba a recoger a la niña a la escuela, veía que Julia siempre estaba sola, a veces incluso debajo de un escritorio.

Tina tenía el corazón roto y sentía que tenía que contárselo a alguien.

 

Decidió por fin ir al pediatra para hablarle del comportamiento de su hija.  Y ahí fue cuando escuchó por primera vez hablar del trastorno reactivo de vinculación.

Julia tenía síntomas que muchos niños abandonados en orfanatos, cuando aún son muy pequeños, suelen presentar.

Es una condición poco habitual pero grave, que impide a los bebés y niños pequeños construir lazos emocionales saludables con sus padres.

Julia esquivaba a su madre porque estaba traumatizada y no había recibido de sus padres biológicos los cuidados necesarios.

 

Pero Tina y su marido, Rick, decidieron que no querían darse por vencidos con su hija. Estaban dispuestos a todo para entender el diagnóstico y entender a Julia.

Trabajaban todos los días para ayudarla a recuperar sus emociones y su confianza en los adultos.

El pronóstico para los niños con trastorno reactivo de vinculación es bueno si el niño recibe tratamiento lo antes posible.

 

Poco a poco, Tina y Rick consiguieron que su hija mejorase, un viaje del que Tina habla en su libro Rescue Julia Twice (Rescatar a Julia dos veces).

”Ella me ha permitido que sea su madre. Y es un honor haberme ganado su confianza, porque yo sé que lucha cada día con sus demonios", escribe Tina.

 

Julia vive ahora, en muchos sentidos, como otros muchos niños. Le encantan los animales, toca el violín, y su película favorita es Pinocho.

La familia está muy orgullosa de su hija, y ahora por fin siente la seguridad y confianza que todos los niños se merecen.

”Su lucha es una inspiración y siempre lo va a ser", cuenta Tina.

 

Todos los niños se merecen ser queridos, independientemente de las situaciones que han vivido y las consecuencias que esto haya tenido en ellos.

Es importante que los padres que estén en un proceso de adopción comprendan lo que esto implica y se preparen para dar todo su amor y comprensión a unos niños que, por pequeños que sean, han vivido cosas muy duras.

 

Todo nuestro amor a estos niños y a todos los niños del mundo.

 

 

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